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Lo diré como va: sin paradigma no hay paraíso.

Sin embargo, muchas actividades humanas que realizamos día a día prescinden de un paradigma y son algo así como un puro esfuerzo caprichoso; hoy hago esto y mañana esto otro. Esto es como querer romper la piñata con los ojos vendados, siguiendo el griterío de consejos de quienes te rodean: “arriba, a la derecha, atrás…”. Todo un despropósito.

Tener un paradigma es avanzar. Mira, le voy a cambiar el nombre para que te quede más claro: tener un norte es avanzar. Eso es, el paradigma es como el GPS que nos permite ordenar nuestras acciones en virtud de un objetivo único. ¿Quedó?

Por ejemplo, si quieres aprender una habilidad que será útil en tu vida, lo ideal es que encuentres un paradigma al que seguir; ¿quién es el mejor en ese campo? ¿Quién encarna mejor esas habilidades? Pues eso, una vez identificada, esta persona será tu paradigma. Disponte a aprender de ella todo el tiempo.

Si eres un nanoempresario o uno de gran envergadura, da igual, también necesitas un paradigma que te permita avanzar. Es como el instrumento dentro del avión que te va ayudar a volar de noche, ¿me sigues? Creo que sí….Pero, me pregunto, ¿por qué demonios renunciamos a esto y optamos por creer que lo podemos todo? Misterios de la vida, parece.

No hay ninguna actividad humana en la que no se cumpla la ley del paradigma.

En el pasado eran los padres quienes servían de paradigma a los hijos y estos, a su vez y llegado el momento, lo serían de sus propios hijos.

Esta era de soberbios nos envenena y nos vuelve amnésicos. Queremos ser héroes solitarios, lo que es casi como suicidarnos.

Me atrevo a darte un consejo no pedido: consigue un mentor. Hazlo lo más pronto que puedas y sin importar lo que quieras aprender. Ponte la cachucha del aprendiz y no te la quites nunca, porque, que no se te olvide, el aprendizaje no terminará jamás.

No llegaremos a ese lugar que no existe (el ideal o lo perfecto), pero avanzaremos un montón y te garantizo que el viaje de tu vida será inolvidable.

Solo quienes tienen muy claro cuál es su paradigma son capaces de crear un legado. Es el plan.

P.D. Si algún día tienes que preparar una charla, seminario, webinario, clase, conferencia magistral o lo que sea, no comiences a escribir nada si no tienes claro el paradigma. Hazte la siguiente pregunta: ¿qué quiero que mi audiencia aprenda de mí? Si no hay claridad, es deseable seguir en el rincón de pensar otro rato. Como siempre, te dejo alguito sobre el tema. Roba todo lo que puedas y elabora tus propias ideas. Sé así.  

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