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Papás

A diferencia de las madres, los padres no tenemos más remedio que darnos cuenta de que lo somos cuando una enfermera nos pone a un niño envuelto entre los brazos, entonces nos damos cuenta de que sí, que es verdad, que ahora hay alguien más que depende de nosotros para todo. Cuando a mí me pasó esto, sucedió en mi interior un auténtico terremoto existencial. Me di cuenta de que ya no era el mismo, que ahora podía entregar mi vida en un instante por un hombrecillo que casi cabía en una caja de zapatos. Sentí encima de mis hombros el peso de la especie; algo de lo que se habla poco hoy: el deber. Desde entonces no ha habido un solo día en el que no me sienta responsable por ellos hasta el punto de la renuncia personal más absoluta. Para un padre (o una madre) que ama hasta las últimas consecuencias, es decir, en acto y presencia, no hay lugar alguno para el egoísmo. Contrario a lo que se cree, es esta la norma y no una rareza heroica. Hay millones de hombres que se dejarían cortar la cabeza por la felicidad de sus hijos. No somos tan malos como a veces creemos. Este mundo está bien hecho, este mundo sigue y seguirá en pie.

¡Feliz día del padre!

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