in Uncategorized

Oración al empezar el verano

No te conozco, nunca he visto tu cara, no sé si eres hombre o mujer, joven o viejo, si ahora mismo te encuentras sano o si, por el contrario, te agobia alguna dolencia. Solo sé que eres humano como yo y que puedes leer estas palabras. Esto me basta. Esto me es suficiente para decirte sin mentir que sé lo que atraviesas, que conozco perfectamente el tamaño de tus roturas interiores. Las he vivido yo también, lo que me hace tu hermano, tu semejante. No conoces mi historia y no pienso narrártela aquí, solo basta decirte que nadie podría suponer lo hondo de los abismos a los que he bajado. Y de ahí he vuelto, entusiasmado y dichoso a veces, convencido de que vale la pena seguir luchando por lo que creo. No tengo otro camino que el mío ni más intención que recorrerlo. Lo que piensas que es el fin, no lo es, siempre se puede seguir andando. Cada mañana, cada sol nuevo que renace es una oportunidad distinta: cada día esconde en algún rincón sus maravillas. A nadie más que a ti te corresponde averiguar dónde se encuentra la tuya.

Deja de quejarte y ten fe. Deja de arrepentirte por los platos rotos porque esos ya no tienen remedio; no te vaya a suceder que te conviertas en un esclavo del pasado, lo que equivale a decir esclavo de un fantasma. La maravilla de la vida está aquí ahora mismo, delante de ti, en tu piel y tu aliento, en ese milagro único en todo el universo que es el ojo humano. Además, recuerda siempre que no estás solo. Contigo caminan millones y millones de hermanos tuyos, sufriendo y celebrando las angustias y deleites de este portento que es estar vivo y saberlo. Piensa en los más pequeños, los que vienen detrás de ti; ellos te están viendo y aprenderán de ti sin que sean necesarias las palabras. Ellos se harán un modelo del mundo al observarte, como tú lo aprendiste al observar a tus padres. No heredes a los que apenas comienzan a vivir las inmundicias y mentiras que tú un día recibiste. Que mueran contigo todos los errores de la culpa y el miedo. Es nuestro más alto deber dejar un mundo más limpio y habitable a los que vendrán y eso implica también, por si no te has dado cuenta, defender el derecho a la risa.

No seas como los adolescentes, que quieren que alguien más les resuelva los problemas, sobre todo el más apremiante, que es el vivir. No seas como los viejos cascarrabias, que dicen odiar lo que no se atreven amar. No seas como los cínicos, que se burlan de los demás porque no han sido capaces de encontrar una manera de expresar su ternura.

Levántate ahora mismo y arréglate, cuídate y date amor, celébrate y aúlla como bestia ebria de vida. Todo está por hacerse y tus manos también hacen falta. No llores ya por lo que no tiene remedio y aprende a vivir con honor y gallardía cada una de tus fracturas. Sé el maestro de ti mismo y no dejes de soñar, que no se muera el juguete portentoso de la fantasía porque es la herramienta que nos sacó de las cavernas y nos llevará más allá de todas las estrellas. Sal a la calle ahora mismo para encontrarte con tu destino, es decir, con tus hermanos; nadie puede ser verdaderamente feliz si se esconde de los ojos del otro. “El infierno son los otros”, decía estúpidamente Sarte, porque seguramente carecía del valor necesario para sentirse vulnerable y pobre.

No creas lo que dicen los diarios y las redes sociales, porque ahí no encontrarás sino los excrementos del demonio, que es el padre y maestro de la mentira. El mundo no es lo que ellos dicen y que una partida de imbéciles repite para propagar el virus del miedo. Los cobardes son ellos y quieren que los demás también lo seamos. Son incapaces de sembrar alguna vez una flor. Son incapaces de volver a comenzar cuando todo se ha perdido. Son incapaces de cantar y orar sobre un montículo de humeantes cenizas. No les hagas caso, quieren contaminarte de su mal; sal y busca amistades positivas, gente buena y con fe, guerreros humildísimos del día a día que no pierden el tiempo con las hogueras de la política porque antes tienen que hacer su pan y compartirlo.

Un día todo habrá de terminar para ti, para mí y para ellos. No quedará nada, ni un eco de nada y todo el humano sufrimiento habrá sido en vano. Por eso el milagro tiene una sola casa y es el presente. Habítala, reclámala como tuya, preside día con día los rituales del asombro y la algarabía. Esta vida puede ser una celebración interminable si así lo decides, si tienes el coraje de gritarlo a los cuatro vientos aunque te llamen loco. No corras a esconderte debajo de la cama imaginando las mil formas de la tragedia: nadie conoce el rostro que tendrá el mañana. Así que libérate de los miedos estériles, de las tristezas y las culpas, de las nostalgias mentirosas, que son siempre una trampa.

Libérate de toda tortura de la mente. Reclama sobre ella tu señorío y baila, baila siempre hasta que llegue tu momento de partir hacia la dulcísima muerte, que llegará cuando tenga que llegar y que será siempre una recompensa para aquellos que han sabido vivir, para aquellos que llegan a la tumba felizmente rotos y con una sonrisa luminosa que se les escapa por todas las heridas. Han cumplido, han sabido vivir.

Defendamos tú y yo, hermano mío, la libertad radical de declararnos en rebeldía contra los profetas del absurdo. Trabajemos mano a mano esta tierra que nos ha sido dada por un rato. Sigamos trabajando e imaginando mejores mundos para los que vendrán y no bajemos nunca la guardia, y no traicionemos jamás el más alto mandamiento de la esperanza: amar siempre, amar hasta el último día, hasta el último segundo, hasta el último latido de nuestra última respiración.

Así sea.             

Álex

Deja tu comentario

Comment