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Para comunicar exitosamente lo primero que necesitas, lo más esencial es un mensaje. No están fácil, piénsalo.

Tal vez crees que tienes un mensaje, pero tal vez no sea verdad; es necesario que te conozcas lo suficiente como para no contarte mentiras a ti mismo…y creértelas.

Un mensaje es un testimonio profundo de tu verdad existencial, de todo lo que eres. Un mensaje es por aquello por lo que se vive y se muere.

Si tienes uno, felicidades, has superado la prueba más difícil de todas. Ahora lo siguiente, ¿cómo comunicarlo con efectividad?

Desarrolla un estilo conversacional. Borges decía que uno debía escribir con “el lenguaje de la conversación”. Hay que aprende a “oír” con los ojos. Hazte presente en el otro con tu voz.

Una vez que logres esto, estarás más cerca de conseguir intervenir en la conversación del otro, hacerte parte de su diálogo interno; todos tenemos uno y cuando alguien consigue hablar ese mismo lenguaje interior, es prácticamente imposible que dejemos de prestarle atención.

Observa a los demás, intenta conocerlos. ¿Qué crees que estén pensando? Juega a indagar en su naturaleza.

Aquí algo que es medio polémico, pero lo voy a soltar como lo creo: debes ser brutalmente honesto. Si eres un maestro de la escritura o de la expresión oral puedes impresionar a muchos, pero no podrás seducir a nadie mientras la gente no te perciba como alguien que no simula lo que es sino que lo es simplemente.

Deja atrás las tentaciones del ego, que siempre terminan por inflamarnos, es decir, por deformarnos.

Usa palabras sencillas, simples, transparentes. Acuérdate siempre, si estás escribiendo, de utilizar una sintaxis (el orden de las palabras) básica: sujeto-verbo-complemento. “El caballo blanco correo por el campo”, ¿te acuerdas? No hay necesidad alguna de decir “por el campo el caballo está corriendo”. Es absurdo.

Abandona las digresiones. No crees laberintos que a muy poca gente le interesa y en los que siempre termina uno perdiéndose. Que cada texto tenga una finalidad exclusiva, la de comunicar un determinado mensaje a una determinada audiencia en un determinado contexto.

Siempre es bueno echar mano del humor porque nos humaniza, es decir, nos vuelve próximos a los demás y precisamente de eso se trata, de acercarnos a la audiencia demoliendo todas las barreas que nos separen.

Finalmente, cree en lo que digas. No finjas, no actúes ni creas que crees aquello que te es indiferente solo porque a otros les parece un tema interesante.

Cree y ama lo que dices, solo así serás capaz de comunicar con el corazón y, algo más importante, podrás entregar valor, que es lo que tu audiencia demanda.

Un impostor puede engañar, pero no podrá nunca tocar el alma de nadie.

La comunicación total consiste en una sola cosa: perder el falso pudor y atrevernos a ser sin culpas.

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