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Yo he dicho muchas veces que el talento no escasea tanto como la disciplina. Lo vuelvo a decir y lo vuelvo a decir con convencimiento, pero creo que ahora podría introducir algún matiz que hasta hoy había ignorado.

Me refiero a que esa indisciplina no es necesariamente hija de la pereza, la falta de profesionalismo, la desidia, etc. Creo que en muchas ocasiones la indisciplina es hija de la confusión.

Con todo esto quiero decir que en muchas ocasiones las personas no encuentran un camino para recorrer, incluso cuando sientan en su interior un impostergable llamado a la acción. Esto ocasiona necesariamente un estado ansioso, que bien puede definirse como un contraste insalvable entre la realidad que vivimos y nuestros deseos. Cuando el mapa no concuerda con la realidad es que nos sentimos perdidos y caemos en un foso de desesperación.

Pero volvamos un poco hacia atrás para elaborar un poquito en el término “confusión”. Estar confundidos es estar en la sombra, carecer de la visión que nos indique cuál es el camino que hemos de recorrer; no es verdad que esto sea el estado natural de la conciencia, como afirman los pesimistas. La claridad de conciencia se adquiere en cuando asumimos la vida como proyecto, cuando nos sumergimos en nuestro mundo interior y de verdad conocemos cuál es la naturaleza de nuestra persona. La confusión es hija de la indiferencia que llegamos a sentir por nosotros mismos.

Resumiendo. Conócete a ti mismo a través de un largo y sostenido proceso de autoindagación. Este esfuerzo no ha de realizarse en solitario sino que además implica necesariamente el diálogo con los que te conocen, los otros cercanos, el prójimo de los cristianos, que tiene un montón de información valiosa sobre ti. El camino de conocimiento de uno mismo no ha de realizarse en soledad.

Afianzar estas certezas existenciales es necesario para no caer presos de las garras del voluntarismo, es decir, no convertirnos en esos seres que escarban aquí y allá porque no saben hacia dónde dirigir su energía.

Si tu talento no está alineado con acciones apropiadas dentro de un proyecto debidamente programado, tu talento se está yendo por la coladera.

Triste pero cierto.

¿Qué piensas tú de todo esto?   

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Comment

  1. Excelente reflexión. A menudo pienso en eso, en la constancia y la disciplina. Acabo de terminar el audiolibro “Hábitos atómicos” y me siento con todo el flow 😅.

    • A mí me ha costado mucho trabajo porque soy muy disperso. La vida y los reveses me enseñaron la importancia del autoconocimiento, la disciplina y el diálogo. No somos modernos Prometeos sino simples personas que trabajan desde sus enormes limitaciones para consolidar proyectos y contribuir en el progreso de nuestras familias y comunidades. No sé, a lo mejor no suena muy grandilocuente, pero creo con San Ignacio de Loyola en el poder del trabajo diario más que en las quimeras que nos hacemos en la cabecita. Saludos, Elvia y gracias por comentar.